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As cousas do día a día,
dende a trastenda arqueolóxica persoal de
José María Bello

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Que florezcan mil dólmenes en esta primavera

Los «mouros» legaron sus mámoas, titula Elena Silveira un precioso artículo en el que, desde las páginas de Bergantiños de La Voz de Galicia, nos habla de una asociación local, A Revoltaina Cultural da Beira de Bergantiños, que ha descubierto cuatro mámoas en las parroquias de Soandres y Montemaior, del municipio de Laracha.

EL viernes por la tarde, como ya dijimos, nos tocó predicar en Ferrol. Fueron cuatro horas en las que diseccionamos, en el máster en Gestión Cultural de Bienes Culturales y Patrimonio que organiza la Facultad de Humanidades de la Universidad coruñesa, todos los recovecos del proyecto Artabria: el Castro de Elviña, la génesis del proyecto, las diferentes propuestas, la situación actual, la filosofía, los objetivos, los problemas técnicos, etcétera, etcétera.

En algún momento hablamos de los problemas y posibilidades que plantea la relación con los vecinos del lugar, y de ahí derivamos a un excurso sobre la relación de la arqueología con la sociedad. No me refiero tanto a la reflexión teórica que está en la mente de todos (que la arqueología sólo adquiere su sentido y cumple su función cuando los resultados de la actividad revierten a la sociedad que la demanda, la justifica y la financia), cuanto a la plasmación concreta de esa relación en cada uno de los casos, e intento explicarme:

El patrimonio arqueológico de Galicia está extremadamente disperso. No es Galicia tierra de grandes aglomeraciones, sino más bien de pequeñas unidades distribuidas por todo el territorio, de tal forma que una primera contemplación da la impresión de aleatoriedad. No hay unos pocos yacimientos concentrados, sino, en cualquier época, miles de pequeños elementos, todos ellos de interés. Cada núcleo de población actual, cada lugar, tiene cerca algún yacimiento arqueológico, muchos de los cuales (si bien cada vez menos) han dejado su huella en el imaginario popular, de forma que resultan, o al menos resultaban, conocidos para la población.

La forma de percibir estos yacimientos por parte de los más próximos vecinos actuales ha cambiado con rapidez en los últimos años. Hemos vivido recientemente el paso del imperio del relato mítico al desvanecimiento y desarticulación de éste, a su pérdida de significado, a su desmitificación.

La vigencia del mito marcaba la función del yacimiento arqueológico en la mentalidad colectiva, y determinaba la conducta social hacia él; una conducta que combinaba el temeroso respeto general (esas cosas de los encantos, con las que no se debe jugar) con la agresión limitada y focalizada en determinados casos (excavaciones de mámoas a pico y pala en busca del ouro dos mouros).

Las transformaciones del mundo rural gallego dieron al traste con estas concepciones míticas de imposible supervivencia en una sociedad urbanizada. Los mouros y encantos emigraron a los libros de etnografía junto con la santa compaña. Pero mientras la caña y la cunca fueron sustituidos por el cubata y la feira por el centro comercial, nada vino a llenar en un principio el vacío dejado por mouros, xentís o gentiles, serpes aladas, pitos de ouro o donas peiteando os seus cabelos a carón do castro. Las piedras antiguas se convirtieron en piedras viejas, los dólmenes en estorbos para el pasto, y los castros en superficies llanas estupendas para construir campos de fútbol y pistas de baile con sus correspondientes palcos para la orquesta. Muchos fueron los yacimientos arrasados con la plena aquiescencia del vecindario y de sus autoridades, incluso de las eclesiásticas, que en buena parte de los casos bendecían la jugada al tiempo que tapaban las iglesias rurales con muros de nichos en una frenética actividad inmobiliaria para la eternidad, pues el salto del feudalismo foral a la postmodernidad exigía la transformación de la vivienda unifamiliar en bloque de pisos también en la otra vida.

En esa tesitura, la población se configuraba como la primera amenaza para el Patrimonio Arqueológico: no es fácil proteger y conservar aquello a lo que sus legítimos propietarios no otorgan valor. Sin embargo, incluso en esa situación pésima, mi criterio, coincidente con el de algunos otros colegas, fue siempre que había que apoyarse en los sectores más conscientes de cada lugar si se quería ejercer una acción protectora mínimamente eficaz. Era y es imposible poner a un inspector arqueológico, a un funcionario del SEPRONA o a un miembro del Grupo de Patrimonio de la Policía Autonómica al pie de cada castro, de cada mámoa, de cada yacimiento arqueológico. Tan sólo la implicación de la población, siquiera fuese de esa ínfima minoría consciente del valor y la importancia de los yacimientos, podría impedir o al menos minimizar su destrucción paulatina.

La postura de la Administración fue la contraria. Se cerró sobre sí misma, se bunkerizó, y tan sólo hizo uso (selectivamente por cierto, que siempre hay ámbitos de impunidad) de medidas coercitivas formales, concretadas en órdenes, reglamentos y leyes, articuladas desde el planteamiento de que la población, y dentro de ella especialmente el colectivo arqueológico, es una presunta comunidad de delincuentes a la que hay que tratar desde el recelo y con mano dura.

Así nos lució el pelo: el entusiasmo arqueológico desapareció mientras las bandas de auténticos expoliadores actuaron impunemente durante más de quince años con toda libertad. Quizá no esté de más señalar que la red de detectoristas desarticulada, detenida y puesta a disposición judicial por el Grupo de Patrimonio de la Policía Autonómica de Pontevedra, hecho que tan nerviosa puso a la Administración hace unos meses, era conocida oficialmente por ésta desde 1986; quince años en los que las actividades de expoliación no pararon un solo momento.

Tengo la impresión de que la situación social que comentamos ha cambiado radicalmente, o está cambiando a toda velocidad. Los niños y jóvenes que han nacido y vivido en democracia, y que han recibido en ésta su educación, están cada vez más formando parte de la población activa gallega, y eso se nota. Según crece su número, el vacío dejado por los mouros se va llenando con la ciencia y con la historia, lo que provoca el aumento del interés y el respeto no sólo hacia los propios monumentos y yacimientos arqueológicos, sino también hacia las explicaciones míticas ya en desuso, pero dignas de ser conocidas y conservadas como elementos de nuestro pasado colectivo.

Estos nuevos jóvenes y adultos, poseedores ya de un importante bagaje cultural, en solitario o agrupados en asociaciones de carácter vecinal o cultural, intentan actuar en favor del Patrimonio Histórico, un patrimonio que sienten como suyo con toda legitimidad.

Este parece ser el caso de A Revoltaina Cultural da Beira de Bergantiños, con su actividad encaminada al conocimiento y protección de la riqueza histórica de su tierra, que se concreta hoy en la noticia del incremento del Patrimonio Arqueológico de todos con cuatro nuevos monumentos megalíticos en las parroquias de Soandres y Montemaior.

Mucho nos gustaría que la Administración recibiese esta noticia con alegría, con la alegría que merece haber encontrado cuatro nuevos monumentos prehistóricos y, tal vez sobre todo, con la que merece haber encontrado a un grupo de personas activas que se han asociado, rompiendo con la habitual pasividad, para trabajar en defensa de su tierra, de nuestra tierra, de una tierra que aman y de la que se sienten ¡por fin! orgullosos, dejando atrás autoxenreiras y complejos de inferioridad. Por haber encontrado a un grupo de personas que son unos aliados potenciales de todos los sensibilizados con el Patrimonio Arqueológico, y por lo tanto también de la Administración dedicada a este sector, con los que se puede contar para trabajar coordinadamente para lograr objetivos comunes.

Sería una locura seguir cerrando los ojos a los cambios sociales, empecinándose en mantener una política arqueológica cerrada en sí misma, confundiendo el Patrimonio con el patrimonio, y negando el disfrute y la participación no dañinos a una población consciente y sensibilizada. Porque rebosante de sensibilidad y consciencia es la nota publicada hoy en las páginas de Carballo de La Voz de Galicia: frente a lo que tantas veces se ve en los medios, en ella todo lo que se dice es correcto, desde una óptica tanto científica como patrimonial, de forma que el artículo se convierte en una pequeña lección de Prehistoria.

Sería una locura que, por principio, se tomase esta noticia como indicio cierto de una actividad clandestina en contra del Patrimonio, porque todo indica lo contrario. Sería triste ver una vez más que la Administración, por decirlo rápido, no se entera de la fiesta.

Y sería de desear que, por fin, ante cosas como ésta, se le cayesen las orejeras a la Administración; que con ojos libres dirigiese una mirada amplia a Galicia en su conjunto, y se diese cuenta de que hay cada vez más personas y asociaciones que encuentran una forma de ocio útil en la actividad patrimonial. Colectivos y personas que son la única garantía de una protección eficaz; porque sólo cuando los vecinos sean conscientes de la importancia de su medoña, de su dolmen, de su castro, de su yacimiento, sólo cuando los vecinos lo asuman y lo amen como propio, habremos emprendido el camino correcto hacia la efectiva protección del Patrimonio Arqueológico de Galicia.

Entonces, y sólo entonces, florecerán para todos mil nuevos dólmenes en cada primavera.


2002-02-24 12:53 | 8 Comentarios


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Comentarios

1
De: Antonio de la Peña Fecha: 2002-03-18 19:09

¿Pero qué pasa?. ¿Se acabó la inspiración?



2
De: El mismo de antes Fecha: 2002-03-20 19:19

Sigo con el mono puesto. San Antoniño bendito: desciende de nuevo sobre nosotros... ¿O es, por ventura, que has sido fagotizado, tú también, por las huestes del mal vecinas a San Domingos?.



3
De: Tenebris Fecha: 2002-03-27 12:55

Me da a mi que el Pater se ha quedado un poco traspuesto en la trastienda arqueológica. A buen seguro que tras un frugral piscolabis, de los que acostumbra, a base de percebitos, lamprea en salsa, chuletón con pimientitos y patatas y todo ello regado con abundante vinillo de la tierra está ahora plácidamente roncando a la sombra de algún dolmen primaveral.
Bueno pues eso... que a ver si se despierta el muy barbian y nos sigue contando sus cosas.



4
De: Sanantón do Castelo Fecha: 2002-04-30 15:13

Pues venga, a petición de este público que tanto me aprecia y al que tanto quiero, desde aquí pa toda España, vuelva Quotidianum, salido de las tinieblas de la paz de los muertos. Por vosotros va, colegas.



5
De: elena Fecha: 2003-05-13 02:23

amo al pater sananton!!! me mola tu paquetón mogollon



6
De: retrasada mental Fecha: 2003-05-13 02:24

disculpen las molestias



7
De: rosaura martinez Fecha: 2003-05-13 02:30

hola.os escribo desde las profundidades de los abismos de la arqueología.Querido Pater nostrum, yo tambien quiero una comilona de percebes regadita con Ribeiro, a la sombra de los Dolmenes.Yo quiero vivir en vuestro castro, me aceptais??? Como solo sois hombres pense que una presencia femenina os alegraría el dolmen.jiji



8
De: cunilingüis Fecha: 2003-05-18 02:56

uuuhhhmmmm!!!!!!!



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