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José María Bello

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De murallas y periódicos

Fecha 2006-02-14 03:59:04+01

“Los arqueólogos contratados por la empresa promotora de la obra datan este tramo de muralla entre los siglos XI y XII”. Según la misma fuente –un diario local informando sobre la muralla aparecida en la calle Santo Domingo de la Ciudad Vieja–, dicho tramo de la defensa medieval está relacionado con otro, excavado antes en la calle Príncipe, el cual “está datado entre los siglos X y XIV, aunque en su mayor parte fue levantado en los siglos X y XI”.

La arqueología coruñesa está empeñada en no dejarnos vivir tranquilos. Uno ya estaba hecho a lo que se sabía o se creía saber, es decir, que en el solar ciudadano no había durante la Alta Edad Media más que una aldea, unas cuantas casas de hombres libres, las casatas ingenuatizas que Bermudo II dona al obispo de Santiago cerca del año 1000 –cuarta más, cuarta menos–, un poquito antes de que Almanzor se llevase las campanas del templo del apóstol a Córdoba “a hombros de cristianos” según rezaban los libros escolares de mi infancia. Y así seguía la cosa cuando menos hasta el siglo XII, y con más seguridad hasta comienzos del XIII, cuando Alfonso IX puebla la ciudad in loco qui dicitur Crunia, en la aldea a la que llaman Crunia. Es cierto que algunos documentos, de autenticidad cuando menos dudosa, abren la puerta a la posibilidad de que ya en el siglo anterior, el XII, hubiese actividad ciudadana tal vez incipiente; pero eso en el caso, nada seguro, de que esos documentos digan la verdad. Para antes, y mucho menos para doscientos años antes, nada hay que permita suponer la existencia de algo parecido a una ciudad, ni siquiera pequeñita. Ni ciudad, ni murallas. De éstas, de las que se veían hasta ahora, los tramos más antiguos conocidos –los que están bajo el Jardín de San Carlos– venían datándose en el siglo XIV más que en el XIII, pero no antes.

La aparición de las murallas levantadas “entre los siglos X y XI”, según nos informa el periodista, rompe con la historia conocida y obliga a revisar todo lo que hasta ahora se sabía sobre la evolución urbana coruñesa. Y tal noticia, tal notición, se pone así, disimulada en medio de un artículo, sin darle no ya una primera página, sino un titular, ni tan siquiera un modesto ladillo... ¡Qué forma de desperdiciar un bombazo informativo!

Salvo que... salvo que la información no sea tal, salvo que el autor de la noticia ni se cosque de historia medieval, salvo que los arqueólogos no hayan dicho lo que se dice que han dicho, y salvo que se haya jugado con los palitos romanos que numeran los siglos con total frivolidad. Pero no, no es posible tal falta de seriedad...

Pues sí, es posible. Y no sólo es posible: es. Y lo es porque los arqueólogos no dijeron lo que se dijo que habían dicho; antes al contrario, sitúan las murallas en el siglo XIV, tal vez como mucho en el XIII, no antes. No conozco la excavación, ni su estratigrafía, ni sus materiales, por lo que no puedo aventurar opinión personal, pero tampoco importa mucho: me fío del buen hacer y entender de mis colegas, que de eso saben tanto como yo y posiblemente más.

Y ya es una lástima que no pueda fiarme de la misma forma de la información, que en este caso no es más que desinformación, de quienes frivolizan con la historia de una forma que no acabo de comprender. Si la cronología de la muralla es importante para los lectores, ¿por qué no se tiene un poquito de cuidado? Y si no es importante, ¿por qué se habla de ella sin saber, arriesgándose a meter la pata de forma más que notable?

Tal vez sea bueno reclamar que se permita a la arqueología cumplir aquello para lo que se practica y se paga, con inversión de esfuerzo y de dinero que en ningún caso es pequeña: para conseguir un mayor y mejor conocimiento y comprensión de un pasado desaparecido y, si hay suerte, para recuperar restos del mismo que nos sirvan de provocación para la visita, la contemplación, la emoción y la reflexión.

Para que la arqueología cumpla su fin social necesitamos a los medios informativos: ellos son, más que nosotros, los que pueden llegar a la población y comunicarle “en tiempo real” lo que se va sabiendo con nuestro trabajo. Pero es preciso que se lo tomen en serio, al menos tan en serio como se toman la crónica de un partido de fútbol. ¿Verdad que no confundirían a Ronaldinho con Ronaldo a pesar del parecido de los nombres? Pues no me confundan el siglo X con el XIV, hombre, que hay cuatrocientos años de distancia y muchas diferencias políticas, económicas y sociales. La arqueología y la historia son fascinantes, pero tómenselas un poquito más en serio. Por favor.


2006-02-14 03:59 | 3 Comentarios


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Comentarios

1
De: Rigel Fecha: 2006-02-14 12:22

Parece mentira, mi señor Sanantón, que usted pretenda encontrar seriedad, rigor, buen hacer... donde lo busca. Esos que dan noticias sin mas, sin pararse en barras, no van a perder ni un minuto de su precioso tiempo en comprobar si trece se excribe XIII o si basta XI para expresarlo en números romanos. A fin de cuentas, se trata de algo que huele a cultura y para ellos... ¡uf, menuda peste!
Bendígame, padre, porque he pecado.



2
De: Akin Fecha: 2006-02-14 12:49

A lo mojó, intentan darle más antigüedad porque creen defenderla mejor así... o porque llame más la atención. Vaya usted a saber.



3
De: Gurrednek Fecha: 2006-02-26 06:56

Toda la razón, la prensa de mi pais tiene la costumbre de rellenar con palabras rebuscadas aquello que ignora, muchas veces cambian la historia del pais.



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