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¿Cuándo se construyó la Torre de Hércules? I

2008-08-03 13:21:02+02

¿Cuándo se construyó la Torre de Hércules?

Por doquier se lee que la Torre de Hércules es obra del emperador Trajano. En los periódicos, tan atentos en estos últimos tiempos a todo lo que se refiere a títulos y hermanamientos, siempre se empieza con lo de “faro romano construido en tiempos del emperador Trajano”.

No siempre se atribuyó la construcción de la Torre a Trajano. Como era de esperar en un monumento antiguo de tal envergadura, las leyendas la tomaron como objeto, y así se fraguaron, en lugares y tiempos diferentes, la gesta de Hércules y su lucha con Gerión por una parte, y el relato de Breogán con posterior invasión de Irlanda por otra. En el campo de la Historia, desde el principio permaneció viva la constancia del origen romano del monumento, pero los protagonistas fueron variando con el tiempo: en la Edad Media fue Julio César el presunto constructor, mientras en la Edad Moderna se prefirió a Octavio Augusto.

Cornide y Trajano

La aparición de Trajano se debe a Cornide, y el prestigio, la rigurosidad y el buen oficio del autor hizo que se convirtiese durante el siglo XIX en verdad admitida. En su bien conocido estudio “Investigaciones sobre la fundación y fábrica...”, que seguimos en su versión para Internet, realizada por Javier López Vallo, Cornide desgrana de forma condensada los argumentos que le llevan a proponer la construcción de la Torre por Trajano, tras renunciar, como corresponde a su pensamiento ilustrado, a las explicaciones legendarias a las que ya hemos hecho referencia:

“Dexando aparte, pues, quanto de este monumento ha dicho nuestro Cronista Florian de Ocampo en el cap. 17, en que trata del Rey Hispano, que fue tomado en gran parte de la Crónica General, no dando tampoco valor á las autoridades de los Escritores Irlandeses, que para aumentar la antigüedad de sus ascendientes suponen viages y hazañas en nuestra costa de Galicia y vecindades de esta Torre; sin Autor coetáneo á quien recurrir, porque ninguno de los que escribiéron ántes del siglo IV se acuerda de este monumento, habré de apelar á las conjeturas para asignarle el principio mas verosimil.”

No es baladí este reconocimiento de Cornide de que sus propuestas tienen un carácter meramente conjetural, al no estar amparadas de forma directa por el testimonio de los autores antiguos ni tampoco por ninguna inscripción que porte el nombre del emperador responsable de la construcción del monumento, una inscripción esperable, casi obligada, pero que se ha perdido sin que exista esperanza de su recuperación. El autor vuelve sobre el asunto más adelante, reconociendo que la ausencia de inscripción marca una debilidad en su propuesta:

“y si alguna razon pudiera detenerme para atribuirle la presente, seria solo la de no hallarla señalada con su nombre, tan frequente en todas las de su tiempo, que le costó el que por derrision le llamasen en Roma yerba parietaria; pero esta falta no me parece causa suficiente para que privemos á nuestra Torre de un fundador tan ilustre, y á Trajano de un monumento que ha conservado hasta nuestros dias incontestables señales de su magnificencia, no ménos acreditada en Galicia por otras muchas obras, que para comodidad de sus ciudades y caminantes se fabricáron en su tiempo, y de que nos conservan noticia repetidas Inscripciones.”

A pesar de la ausencia de prueba epigráfica, considera Cornide que hay argumentos suficientes a favor de Trajano. Pero antes de ir a ellos, refuta la atribución, tan general como hemos comentado, a Julio César. Sobre esto dice Cornide:

“En efecto, si en su tiempo se hubiese hecho esta obra, era muy regular que los Escritores de su vida, ó él mismo en sus comentarios, nos hubiesen conservado alguna noticia; y era muy verosímil que Estrabon, que habló con tanto conocimiento de los Gallegos, y Mela y Plinio que describieron esta costa con tanta exâctitud, y que no se olvidáron de las Aras de Sestio y de las Torres de Augusto, no pasasen por alto la de Hércules, que por su magnitud les hacia muchas ventajas, y por su situacion no podia ocultárseles.”

Emplea aquí el argumento de ausencia: si la Torre hubiera estado construida en tiempos de César, los autores clásicos que escribieron más tarde deberían haberla citado. Siguiendo el argumento de Cornide, añado que la edificación de la Torre no sólo debe ser posterior a Julio César, sino también a todos los escritores que, debiendo haberla citado, siempre según el parecer de Cornide, no la citan. Estrabón es contemporáneo de Augusto, Mela lo es de Calígula y Nerón, y Plinio desarrolla su trabajo en tiempos de Nerón y Vespasiano; el momento en que se levantó la torre debe ser, si el planteamiento de Cornide es correcto, posterior a todos ellos, y en consecuencia no anterior al inicio de la dinastía Flavia.

Siguiendo con Cornide, un nuevo argumento, basado en el análisis histórico de los motivos para la construcción del faro, le permite dar un paso más:

“por otra parte su mismo destino me conduce como por la mano al tiempo, en que probablemente pudo haber motivo para erigirla; aquel, aun quando de la inspeccion de su plano no se conociese suficientemente quál pudo haber sido, por las expresiones del AEthico y de Paulo Orosio, que son los primeros que dan noticia de nuestra Torre, se percibirá que no pudo ser otro que el servir de Faro á los barcos que entraban en el puerto, y de atalaya para reconocer los que pasaban a Inglaterra, cuya Isla aunque rápidamente reducida a la obediencia de los Romanos por César, no admitió su tranquilo gobierno hasta el tiempo de Claudio, que estableció en ella una regular administración.”

Con este argumento proporciona Cornide un terminus post quem, es decir, un límite cronológico inferior antes del cual la Torre no habría podido ser construida. Si la Torre se levantó, como dice Orosio en el siglo V, como atalaya para los navíos que se dirigían a Inglaterra, no tiene sentido pensar que haya sido edificada antes de la conquista de la isla. Dado que dicha conquista fue obra de Claudio, la construcción de la Torre debe ser posterior a ese momento.

Pero entre Claudio y Trajano están los gobiernos de Nerón, Galba y los flavios Vespasiano, Tito y Domiciano. Cornide encuentra un argumento más para retrasar de nuevo la construcción de la Torre, basándose ahora en la inscripción de Cayo Sevio Lupo, grabada en la roca al lado del faro. Si Sevio Lupo es el constructor de la Torre, y si aquél se proclama natural de Aquae Flaviae, su obra no puede ser anterior a los Flavios que dan nombre a la actual ciudad portuguesa de Chaves:

“Si como suponen los mas, la que se halla cerca de sus cimientos se puso con motivo de su ereccion, de ella misma se saca un argumento de que no pudo haber sido edificada ántes del tiempo de Vespasiano; pues siendo el Arquitecto Gayo Sevio Lupo Aquiflaviense, esto es, natural de Chaves, no habiendo añadido á su nombre esta Ciudad, el dictado de Flavia hasta el tiempo de aquel Emperador, en cuyo obsequio lo tomó como otras muchas, ¿cómo pudo haberse llamado Flaviense el descendiente de un pueblo que no se intitulaba así?”

Hasta aquí los argumentos de Cornide, los cuales, como el propio autor reconocía, se basan en conjeturas y deducciones apoyadas en premisas que, siendo poco sólidas ya en su tiempo, hoy se nos presentan, cuando menos algunas de ellas, como claramente erróneas. Antes de someterlas a revisión, señalemos además que los razonamientos de Cornide llevan a la conclusión de que la Torre no puede ser anterior a Vespasiano, pero no niegan la posibilidad de que sea de este emperador o de cualquiera de sus sucesores, no sólo los flavios Tito y Domiciano, sino también los posteriores a Trajano.

Revisión de los argumentos de Cornide

El proceso argumental de Cornide, por el que concluye la autoría de Trajano, puede resumirse en los siguientes pasos:

1. La Torre no puede ser obra de Julio César, pues de haberlo sido deberían haber hablado de ella los autores clásicos Estrabón, Mela y Plinio, cosa que no hacen. La Torre es, en consecuencia, posterior a Julio César.

2. El sentido de la Torre lo aclara Paulo Orosio: es un altísimo faro que la ciudad de Brigantia erige a modo de atalaya dominando la ruta de Britannia, de Gran Bretaña. Este sentido puede alcanzarlo una vez que se consolida dicha ruta, tras la conquista y dominio de Gran Bretaña. Esta conquista se culmina con Claudio, y se consolida según Cornide, tras sofocar nuevas rebeliones, con Trajano.

3. Si se acepta que Sevio Lupo es el arquitecto constructor de la Torre, y dado que se define como lusitano aquiflaviense, la Torre debe ser posterior a Vespasiano, pues la actual Chaves no puede tener el nombre de Aquae Flaviae antes de dicho emperador, el primero de la dinastía Flavia.

Los argumentos de Cornide son razonables y bien razonados, y sus planteamientos responden a lo que era de esperar en un ilustrado de altura como él. Pero pueden y deben ser sometidos a crítica y a actualización, pues hoy se conocen cosas que eran desconocidas en tiempo de Cornide.

El primer argumento, de ausencia, aunque bien construído, no puede darse hoy como válido. Para que fuese correcto habría sido necesario que cada uno de los autores antiguos hubiesen escrito con un propósito común, y que éste fuese el de dar a conocer la totalidad de los diferentes aspectos de los territorios que trataban con un afán de descripción completa y objetiva, casi etnográfica. Sabemos que no fue así, y que los propósitos de cada autor eran diferentes. Incluso en Estrabón, que es tal vez el que abarca más campos de los tres, no puede buscarse la pretensión de objetividad. Las informaciones que suministran los otros dos son más restringidas, sobre todo en el caso de Plinio, que hace hincapié en la distribución y tamaño de pueblos y núcleos de población (urbes, oppida, etc.) sin pararse a describir, ni tan siquiera a citar, monumentos. Cornide entendía que, si la Torre de Hércules hubiese estado edificada en su época, Plinio habría hablado de ella sin duda. No es así. Por no hablar, Plinio ni siquiera habla del Faro de Alejandría, mientras que Estrabón si habla de él con profusión (17.1.6). Si Plinio no dedica espacio al Faro por antonomasia, una de las maravillas del mundo de la antigüedad, existente y sobradamente conocido y admirado en el momento en que escribía el autor, nada tiene de extraño que no cite a nuestra Torre, que bien podía estar construida y funcionando por entonces.

En consecuencia, del hecho de que la Torre no haya sido citada por los autores señalados por Cornide, no se puede deducir que no hubiera estado edificada en sus respectivos momentos. Pero además, el argumento de ausencia, que Cornide aplica a Estrabón, Mela y Plinio, habría que hacerlo extensivo también a otros autores, sobre todo a Claudio Ptolomeo; lo que tiene su interés por cuanto, de ser aceptable el argumento, habría que concluir que la Torre era posterior a este autor, Ptolomeo, puesto que tampoco en su obra aparece citada la Torre. Y dado que Ptolomeo escribe su Geografía después del imperio de Trajano, habría que concluir que el faro no existía en tiempos de Trajano, lo que tiraría por tierra la adscripción trajanea de la Torre postulada por Cornide.

De modo que pintan bastos: si se acepta la premisa de Cornide de que cualquier geógrafo de la antigüedad tendría que haber citado a la Torre si ésta hubiese existido en el momento de escribir, la conclusión es que la Torre sería necesariamente posterior a Julio César, que es lo que dice Cornide, pero también sería igualmente posterior a Trajano, que es lo que no dice. Si no se acepta la premisa, y nosotros no la aceptamos, perdemos toda referencia cronológica y nos quedamos sin saber, mediante este argumento, cuándo se construyó la Torre de Hércules. Lo cual no es tan grave, porque no es más que quedar como estábamos.

Con una salvedad: nos parece posible que Ptolomeo haya citado a la Torre, si bien su posible nombre antiguo, Pharum Brigantium (similar al de Farum Brecantium que aparece en los textos de la Crónica ad Sebastianum del siglo IX, y al Farum Precantium del documento de Vermudo II de finales del X), puede estar oculto por error de algún copista tras el Flavium Brigantium que Ptolomeo sitúa en el Gran Puerto de los Galaicos Lucenses. Posible, que no seguro, como posible pero no segura es la posibilidad contraria, es decir, que el faro no aparezca y el nombre Flavium Brigantium haya sido realmente el nombre que desde Vespasiano tuvo la actual Coruña, aunque tan sólo sea recogido por Ptolomeo. La duda queda en pie, y malamente podremos salir de ella mientras no aparezca algún monumento epigráfico que deje definitivamente claro el nombre antiguo de la ciudad.

Aun admitiendo que el Flavium sea una corrupción de un Pharum, lo único que nos aportaría sería la certeza de que el faro estaba en pie ya entrado el siglo II, por lo que podría haber sido obra de Trajano... pero también de cualquiera de los emperadores anteriores a él. Siguen pintando bastos, y el argumento de ausencia sigue sin ofrecernos la precisión que deseamos.

El segundo argumento, sin llegar a ser concluyente, a nuestro juicio tiene más peso. A su favor juega el hecho de que la única referencia antigua a la Torre, la de Orosio, lo dice claramente: la construcción de la Torre está relacionada con la ruta marítima a Inglaterra. Nada hay en él que repugne a la Historia ni a la lógica, incluso si a esa misión se añade, como está siendo valorado últimamente por un creciente número de autores, un papel similar en relación con la ruta que seguirían los navíos de transporte que suministrarían mercancías, y particularmente el aceite de la Bética -sin excluir el vino y el trigo-, a las unidades militares situadas en las fronteras del curso bajo del Rin, en el seno del servicio estatal de avituallamiento conocido como annona militaris.

Pero si la construcción de nuestra Torre está vinculada a la conquista de Britannia, el argumento apunta más hacia Claudio, pues es éste emperador el que, después del histriónico simulacro de Calígula, culmina -incluso con su presencia personal en el escenario de la conquista- esa deuda pendiente desde Julio César, que hacia Trajano, cuyas ansias de expansión se dirigieron más a la parte oriental del imperio, principalmente Dacia y Mesopotamia, que a la occidental y más concretamente a Britannia, a la que llegó a poner en peligro al trasladar tropas de Britannia a la Dacia. Más sentido tendría igualmente pensar en Vespasiano, que participa en la invasión de la isla al mando de la Legio II Augusta y consolida posteriormente lo conquistado por Claudio; o, si se quiere ir a tiempos posteriores, en el sucesor de Trajano, Adriano, constructor de la célebre muralla que, con su nombre, fija el limes en la isla, separando el territorio de dominación romana de las tribus septentrionales libres, en la actual Escocia. De todos ellos, Trajano se nos presenta hoy como el peor de los candidatos.

Nos queda el tercer y último argumento, que en principio parecía irrefutable: si el constructor de la Torre procede de Aquae Flaviae, no es posible negar que necesariamente es posterior, o como mucho contemporáneo, de Vespasiano, pues la ciudad no puede tomar el nombre Flavia antes del imperio de la dinastía del mismo nombre, procedente del nomen familiar del mencionado emperador, Tito Flavio Vespasiano, primero de la serie que continuarán Tito y Domiciano.

Todo ello estaría muy bien si la lectura AQUIFLAVIENSIS LVSITANVS que hace Cornide fuese correcta. Pero desde Hübner sabemos que no lo es, y que lo que en realidad dicen las líneas causantes del error es AEMINIENSIS LVSITANVS, indicándonos que Gaio Sevio Lupo, que efectivamente era arquitecto y lusitano (hoy diríamos portugués), no procedía de la actual Chaves -antes Aquae Flaviae- sino de la actual Coimbra -antes Aeminium-. Y si el nombre de Aquae Flaviae no podía ser anterior a Vespasiano, el de de Aeminium, por el contrario, no sólo puede ser anterior a dicho emperador, sino que de hecho parece claro que lo es. Los Aeminienses son citados por Plinio (NH 4:118) asi como el oppidum y el río que llevan el mismo nombre Aeminium (ib:113), por lo que la ciudad está ya constituída y es plenamente conocida en tiempos de Nerón-Vespasiano.

Al final, los argumentos de Cornide se nos han diluido en las manos. Si acaso, podríamos suponer que la Torre es posterior a Augusto, pues de Estrabón sí sería esperable que la citase si hubiese estado edificada entonces. Pero de su ausencia en Mela, y sobre todo en Plinio, no podemos deducir nada, ni siquiera su inexistencia en el momento en que escriben dichos autores. También se nos ha ido la deducción de la fecha post-Vespasiano a partir del AQUIFLAVIENSIS de la inscripción del arquitecto Gaio Sevio Lupo, pues la inscripción no dice eso sino AEMINIENSIS, de Aeminium, y este nombre no nos da ninguna indicación cronológica. Ni siquiera podemos dar por válida la pretensión de Cornide de que la función de la Torre, vinculada a la ruta hacia Britannia, apunta a Trajano. Si acaso, como hemos visto, apuntaría más bien a Claudio, a Vespasiano (anteriores a Trajano) o incluso a Adriano (posterior).

Lo que nos queda es que la Torre fue levantada en algún momento indeterminado dentro de una horquilla cronológica entre Augusto y Adriano, con una mención especial a Claudio y una cierta sospecha de que Trajano puede no tener tanto que ver como decía Cornide. Ciertamente estamos de acuerdo en que no es demasiado precisar. Si no fuese porque siempre es preferible una sólida duda a una afirmación falsa, bien podríamos decir que para ese viaje no hacían falta alforjas.

[sigue en ¿Cuándo se construyó la Torre de Hércules? II]



2008-08-03 13:21 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: eledhwen Fecha: 2008-08-03 21:04

Voy a poner una velita al Santo Mayor que ha conseguido que vuelvas a publicar regularmente.



2
De: giannini Fecha: 2008-08-06 00:58

Chapeau! aunque nos quedemos con esa sólida duda.



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