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¿Cuándo se construyó la Torre de Hércules? II

2008-08-04 02:24:00+02

Los emperadores y la moral

Los argumentos de Cornide a favor de Trajano como autor de la Torre, a la luz de los conocimientos actuales, se desvanecen. Pero, tal como Cornide reconoce explícitamente, como hemos visto, tampoco eran demasiado firmes en su momento. La elección de Trajano parece venir dada, más que por pruebas históricas, por un criterio moral. Trajano es, a finales del XVIII, el prototipo de emperador bueno, dedicado a engrandecer Hispania mediante obras públicas de infraestructura; unas obras entre las que está, de acuerdo con el pensamiento del ilustrado, la Torre de Hércules.

La historia era entonces un género literario que no sólo debía narrar los acontecimientos del pasado, embelleciéndolos y completándolos, sino además calificarlos desde un punto de vista moral -el propio del autor, por supuesto cristiano-, extrayendo conclusiones y moralejas útiles y buenas.

Esta visión moral, aplicada a los emperadores romanos, se puede observar nítidamente, a modo de ejemplo, en la Historia General de España de Modesto Lafuente, obra que gozó del favor del público, cuyo tomo II fue publicado en 1850, más o menos al tiempo que salían de la imprenta el Manifiesto Comunista de Marx y Engels y El Origen de las Especies de Charles Darwin.

En esa obra, que recoge bien esta visión moral de la historia que señalamos, Lafuente (1850:101) nos presenta a Tiberio como “el primero de los monstruos que deshonraron el trono imperial”, al que siguen Calígula y Claudio a los cuales despacha todavía con más dureza:

Pero al desjuiciado Calígula sucedió el imbécil Claudio su tío, el digno esposo de la célebre prostituta Mesalina, cuyas obscenidades y desarreglos no abochornaban á Roma que las presenciaba y ruborizan á la posteridad que las recuerda” (...) “Comprenderíamos que Roma hubiera sufrido la imbecilidad de Claudio, si hubiese sido una imbecilidad inofensiva (...) cuando su misma madre para calificar á un hombre de necio solia decir: 'es bestia como mi hijo Claudio' (...) pero no se comprende que se sufriera a un imbécil que llevaba al suplicio á treinta y cinco senadores” (ibid.:107) “Y lo que es más, seducidos los españoles por una ley de Claudio, en que se mandaba que los gobernadores de provincias hubieran de pasar un año en Roma antes de poder ser reelegidos, á fin de que los pueblos tuvieran tiempo para exponer las quejas á que hubieran dado lugar, por más que esta ley quedára sin ejecución como tantas otras, tuvieron la debilidad de levantarle estatuas; que asi iba contagiando á España el espíritu servil y adulador de los romanos” (ibid.:108).

A Claudio le sucede Nerón,

cuyo nombre parece haber alcanzado el privilegio de servir para designar á los hombres tiranos y feroces” (ibid.:109).

Su sucesor, Galba, que

hubiera pasado por el mejor emperador posible si no hubiera llegado á serlo, (...) ejecutó crueldades que debieron el no parecer mayores á estar tan reciente la memoria de las de Nerón” (ibid.:112).

Tras el breve período de turbulencias con emperadores nombrados por los ejércitos, llega el momento de Vespasiano, elevado al trono por las legiones de oriente.

Vespasiano, como más tarde su hijo Tito, sale absuelto del juicio moral del autor, que refleja en buena parte el juicio moral habitual en su tiempo. Lafuente no disimula su criterio:

Afortunadamente, tras de tantos vicios, tras de tanta corrupción y desorden, vino un período de reposo y de consuelo al mundo. Trájolo Flavio Vespasiano, el único que al revés d etodos los que le habían precedido, se hizo mejor desde que ascendió al trono”. “España se había pronunciado por su partido, y más agradecido que Galba, la remuneró concediendo a los españoles los derechos latinos. Reconocidas á esta honra muchas ciudades tomaron el nombre de Flavias, como en otro tiempo habian tomado el de Julias ó Augustas”. “Debióle también España la construcción de varios caminos, puentes y monumentos públicos. Y no falta quien suponga obra suya una de las mas maravillosas que en España se conservan (...): hablamos del famoso acueducto de Segovia, que los mas, aunque sin fundamento en que apoyarse, atribuyen a Trajano” (ibid.:115). “Murió este emperador el año 79, dejando por sucesor a su hijo Tito, que aun aventajó a su padre en virtudes, y á quien los españoles llamaron 'las delicias del género humano'”. (ibid.:118).

Pero tras la muerte de Tito vuelve a imperar la maldad, personificada ahora en Domiciano:

Parece que la Providencia quiso mostrar á la especie humana que aun no merecia príncipes tan buenos, y la castigó enviándole un Domiciano, que mas que de la familia Flavia y hermano de Tito, parecia de la raza de los Claudios y hermano de Neron. Jamás hubo hermanos mas desemejantes que Tito y Domiciano. No cedió Domiciano ni en crueldad, ni en desenfreno, ni en tiranía á ninguno de sus predecesores. Mataba por complacencia, y derramaba sangre por deleite. España volvió á sufrir las vejaciones y despojos de los gobernadores romanos” (ibid.:119).

Y no olvidemos que Domiciano promulgó la segunda persecución contra los cristianos, tras la primera de Nerón.

A la muerte de Domiciano vuelve a pararse la mala racha, y, tras el breve imperio de Nerva, el cual, tras su buen gobierno,

hizo al morir el mayor beneficio que pudiera hacer á España, el de darle por emperador á un español, al insigne Trajano” (ibid.:120).

Trajano será el emperador que recibirá los mayores aplausos en la historiografía española de la época. Lafuente no los escatima, y pone tal énfasis en sus virtudes públicas que éstan llegan a eclipsar sus vicios domésticos.

No es que faltáran a Trajano flaquezas y vicios como hombre privado: afeábasele su pasión al vino y á las mujeres: pero la sombra de sus malos hábitos como particular desaparecia ante el brillo de sus virtudes como hombre público: bien era menester que fuesen muchas, y lo eran realmente” (ibid.:122).

El pais natal de aquel grande hombre no podía menos de ser especialmente favorecido. España, que no había tomado parte en aquellas apartadas guerras, vio florecer las letras y las artes á la sombra de la paz y del gobierno paternal y protector de Trajano. Construyéronse caminos nuevos, reparáronse los antiguos, levantáronse edificios y monumentos soberbios, tales como la ostentosa columnata de Zalamos de la Serena, la grandiosa Torre den Barra en Cataluña, el Monte-Furado y la Torre de Hércules en Galicia, el circo de Itálica, y el magnífico y asombroso puente de Alcántara sobre el Tajo, no menos admirable que el que hizo construir sobre el Danubio” (ibid.:124).

Tales son las bondades del imperio de Trajano que se le disculpa incluso que hubiese empezado la tercera persecución contra los cristianos:

Sensible es que este príncipe, honor de España y del imperio, y que con tanta justicia mereció el renombre de padre de la patria, desmintiera su habitual dulzura con las persecuciones que ordenó contra los cristianos, cuyas doctrinas se iban propagando ya en aquel tiempo por el Occidente. Menester es no obstante advertir que la enemiga de algunos emperadores hácia los cristianos no nacia tanto en ciertas ocasiones de odio á sus creencias como de hacerles creer los pretores que eran peligrosos al estado, y de representárselos como miembros de asociaciones prohibidas por la ley” (ibid.:126).

Si Trajano persiguió a los cristianos no fue por su voluntad, sino por el engaño de sus asesores y magistrados. Si era borrachín y mujeriego, son pecadillos sin importancia en Trajano, cuando habían sido graves acusaciones en Claudio. ¡Y eso que no era consciente, o si era lo disimulaba, de la homosexualidad de Trajano, de quien Dion Casio señala su devoción por los muchachitos, añadiendo en su favor que nunca le hizo daño a ninguno!

Para nada es nuestra intención minimizar o discutir los méritos de gobernante de Trajano, que los tiene y en abundancia, y así fue y es reconocido por la historiografía. Pero sí pretendo resaltar el enfoque moral de la historia de hace más de cien años, que más que hacer un balance objetivo y sereno de cada momento histórico, se fijaba fundamentalmente en los gobernantes, los emperadores en nuestro caso, dividiéndolos en buenos y malos, en dignos e indignos. Si la Torre de Hércules proviene de un emperador bueno y digno, como Trajano o en menor medida Vespasiano, es motivo de orgullo.

Pero de la misma forma sería un desdoro que hubiese sido construida por un emperador malo o malvado. ¡Qué vergüenza si el faro hubiese sido levantado en tiempos de Claudio, Nerón o Domiciano!

[sigue en ¿Cuándo se construyó la Torre de Hércules? III ]


2008-08-04 02:24 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: lapatianco Fecha: 2008-08-04 17:32

Logo de poñer tamén velas a san antón pola súa nova regularidade (que tamén ¡xa manda! facelo en pleno verán: será cousa de que o calor tamén expande o tempo libre do que dispón o pater), esperamos con ansias a resolución ó enigma. Ou no seu defecto: unha consistente dúbida.
Saúdos pater.



2
De: Anónimo Fecha: 2008-08-04 17:47

Gracias, don Lapatianco. A ver se hoxe pode ser. Non se chive, pero isto é o que vai para Paco, para a revista da asociación, e anda negro porque non llo dou entregado... Pero vamos, que se por aquí non sae a "solución", seguro que a recibe axiña no seu domicilio particular ;-)



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